El gerente general detalla el camino que llevó a la compañía a convertirse en la Empresa B más grande del país, los desafíos del proceso y cómo integraron el compromiso de triple impacto en toda su operación.
La Anónima obtuvo la certificación como Empresa B y se convirtió en la más grande del país con este reconocimiento. El sello valida el compromiso de aquellas organizaciones que cumplen con altos estándares de desempeño social, ambiental y económico, y que asumen la mejora continua como parte de su modelo de gestión. Para la empresa este paso representa una evolución estratégica, que reafirma su propósito de generar impacto positivo en las comunidades donde opera.
Con 169 sucursales en más de 89 ciudades y más de 11.000 puestos de trabajo, La Anónima formalizó su Compromiso de Triple Impacto en 2021, incorporándolo a su Estatuto Social e integrándolo en sus decisiones operativas y estratégicas. En esta entrevista con WebRetail, Nicolás Braun, gerente general de la compañía, explica cómo fue el proceso para lograr la certificación, qué transformaciones ya se observan en las sucursales y cuáles son los próximos desafíos para ampliar su impacto en toda la cadena de valor.
—La Anónima acaba de convertirse en la Empresa B más grande del país. ¿Qué significado tiene este reconocimiento para una compañía con más de 100 años de historia?
—La Anónima es una compañía que, históricamente, tiene en cuenta su triple impacto y ha
asumido un compromiso activo en la gestión de este enfoque: en lo económico, en lo social
—a través de su comunidad, empleados, proveedores y clientes—, y en lo ambiental. Este
compromiso no solo es clave para la sostenibilidad del negocio, sino que también está alineado con las nuevas exigencias de los consumidores, especialmente aquellos de las generaciones más jóvenes.
Nos esforzamos por crecer generando un impacto positivo en las comunidades donde operamos, al tiempo que medimos y trabajamos para reducir los efectos de nuestra actividad sobre el medioambiente. Por ello, haber obtenido la certificación como Empresa B no solo nos enorgullece e impulsa a seguir profundizando este camino, en sintonía con una comunidad global de organizaciones que buscan ser agentes de cambio, sino que también nos compromete a seguir trabajando en la mejora continua.
—El Compromiso de Triple Impacto fue clave en este camino. ¿De qué manera se
traduce ese enfoque en decisiones concretas dentro de la compañía?
—Para La Anónima, la sustentabilidad es una forma de hacer negocios. Por eso, procuramos
integrar el compromiso de triple impacto tanto en la toma de decisiones estratégicas, a través de nuestro Comité de Sustentabilidad (Gobierno), conformado por las máximas autoridades de la compañía, como en la gestión cotidiana, mediante planes de trabajo anuales vinculantes liderados por nuestros equipos. Bajo esta misma premisa, cabe destacar que hemos reformado nuestro Estatuto Social, incorporando formalmente el Compromiso de Triple Impacto como principio rector de nuestro accionar.
—Si tuviera que señalar un momento bisagra en el proceso hacia la certificación,
¿cuál destacaría y por qué?
—Podría decir que el momento bisagra fue cuando presentamos el proyecto de certificar como Empresa B a los directivos, accionistas y a nuestros equipos. Contar con su apoyo,
predisposición y proactividad desde el inicio para llevarlo adelante fue realmente
gratificante. Nos motivó a seguir avanzando y ratificó una decisión de la que estábamos
plenamente convencidos.
—A nivel operativo, ¿qué transformaciones ya se notan en las sucursales, tanto en lo ambiental como en el vínculo con las comunidades?
—Desde la perspectiva ambiental, hemos generado cambios significativos con la
implementación de nuestro Sistema de Gestión Ambiental. Entre las principales acciones,
se destacan:
- Segregación y reciclado de residuos
- Instalación de caudalímetros y medición de consumos de agua
- Monitoreo, control y reducción del consumo energético
- Monitoreo y control de efluentes líquidos
- Recambio de luminarias por tecnología LED
- Sustitución de heladeras exhibidoras por equipos de frío más eficientes en términos
de consumo energético
Además, llevamos adelante iniciativas para evitar la pérdida y el desperdicio de alimentos.
Un ejemplo concreto es el retiro anticipado de góndola, que no solo evita que los productos lleguen a su fecha de vencimiento, sino que permite identificarlos a tiempo para gestionar su donación. Comercialmente, también implementamos una modalidad de venta con descuentos significativos en productos próximos a vencer, incentivando su consumo y
evitando su descarte.
En cuanto a nuestro impacto comunitario, trabajamos en la implementación de iniciativas que alcanzan a las 89 localidades donde operamos. Estas acciones están orientadas al desarrollo de proveedores locales, el fortalecimiento de las economías regionales, la promoción de la nutrición, el empleo, la educación, el reciclaje de residuos y el fomento de
un consumo responsable.
—De cara al futuro, ¿cuáles son los próximos pasos para seguir creciendo con impacto positivo en toda la red de La Anónima?
—Nuestro objetivo es continuar fortaleciendo la gestión de triple impacto, no solo en nuestras operaciones, sino también a lo largo de toda la cadena de valor, promoviendo el cambio en nuestros proveedores. Esto representa una gran oportunidad, pero también un desafío relevante. Nuestros ejes estratégicos de gestión en este sentido son: desarrollo de proveedores locales y pymes, consumo responsable, impacto comunitario y reducción del desperdicio de alimentos.
Por otro lado, nos encontramos en pleno proceso de integración, incorporando en nuestros
planes anuales de trabajo las oportunidades de mejora identificadas durante el proceso de
certificación. Además, estamos avanzando en la transición hacia la nueva metodología
propuesta por B-Lab.
Con la certificación como Empresa B, La Anónima consolida su compromiso con un modelo de negocio que combina rentabilidad con responsabilidad social y ambiental. El trabajo realizado para integrar el enfoque de triple impacto en todas las áreas de la compañía marca un punto de inflexión en su trayectoria y refuerza su rol como referente del supermercadismo argentino. El desafío ahora es sostener y profundizar ese camino, ampliando su impacto a toda la cadena de valor y fortaleciendo su vínculo con las comunidades donde opera.




