Tras el 3,4% de marzo, las proyecciones privadas anticipan una moderación, aunque advierten por la inercia y los factores externos.
Tras el dato de marzo, que mostró un incremento del 3,4% en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), distintas consultoras privadas proyectan una desaceleración para abril. Las estimaciones ubican la inflación del mes en un rango de entre el 2% y el 2,9%, impulsada principalmente por una menor presión en alimentos y educación, aunque con el transporte aún como factor de suba.
Según coinciden los analistas, algunos de los aumentos registrados en marzo respondieron a factores puntuales que no se repetirían en abril. Entre ellos, se destacan el impacto de la carne, que comenzó a estabilizarse hacia mediados del mes pasado, y los incrementos en educación, concentrados entre febrero y marzo.
En este escenario, el economista Camilo Tiscornia señaló que la inflación de abril “debería ubicarse cerca del 2%”, en un contexto donde la política monetaria continúa siendo restrictiva. Desde su mirada, los últimos meses estuvieron marcados por shocks específicos —como el dólar, la carne, el turismo o los servicios— más que por una tendencia sostenida al alza.
En la misma línea, Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra, explicó que dos de los tres factores que impulsaron la inflación en marzo pierden fuerza en abril. Sin embargo, advirtió que el aumento de los combustibles seguirá teniendo impacto, lo que limita una desaceleración más pronunciada. La consultora proyecta una inflación cercana al 2,5%, con posibilidad de ubicarse levemente por debajo si se mantiene la dinámica actual.
Otras estimaciones se ubican en niveles similares. Econviews calcula un 2,7%, mientras que la Fundación Libertad y Progreso prevé entre 2,7% y 2,8%, apoyada en una moderación en los precios de alimentos y la estabilidad reciente en los combustibles. Analytica, por su parte, proyecta un 2,9%, tras detectar una desaceleración leve pero sostenida en alimentos y bebidas durante abril.
Más allá de la mejora esperada para el mes en curso, los especialistas coinciden en que la baja de la inflación será gradual. Si bien organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) anticipan un proceso de desinflación sostenido, consideran poco probable que el IPC baje al 1% mensual en el corto plazo o alcance niveles cercanos a cero durante este año.
Entre los factores que podrían limitar una desaceleración más rápida se encuentran la inercia inflacionaria, las presiones salariales y el contexto internacional. En ese marco, algunos economistas advierten que, aunque no es imposible, volver a niveles cercanos al 1,5% mensual en el corto plazo resulta poco probable.
Sin embargo, existen miradas más optimistas. Algunos analistas señalan que la reciente baja en el precio internacional del petróleo, vinculada a la estabilidad en el estrecho de Ormuz, podría contribuir a moderar los costos energéticos y acompañar el proceso de desinflación en los próximos meses.
En síntesis, el consenso del mercado apunta a una inflación en descenso, aunque con un ritmo más moderado del esperado y sin señales de una caída abrupta en el corto plazo.
Fuente: La Nación




