Para eFALCOM, la identificación por radiofrecuencia es el pilar que garantiza la fiabilidad de los datos, permitiendo que las estrategias de IA en el sector retail operen sobre una base de stock real y precisa.
¿Confía plenamente en lo que dice su sistema de stock? La respuesta, para la mayoría de los retailers, suele ser negativa. Julián Martín Guerrero, líder del área comercial de eFALCOM, inició su exposición en el Retail Digital planteando una problemática sistémica: la desconexión entre la realidad física del depósito y los registros digitales.
Con más de 26 años de experiencia implementando soluciones de RFID (Radio Frequency Identification) en Latinoamérica, Guerrero ilustró este desfase con la historia de «Marcela», una gerente que, tras consultar su sistema y enviar a alguien a contar manualmente, descubre que la diferencia entre lo registrado y lo existente supera el 35%.
Este error de precisión no es solo un problema logístico, sino un drenaje financiero masivo. Según datos compartidos por el ejecutivo, en 2020 los supermercados argentinos perdieron 356 millones de dólares —el 3,3% de sus ventas anuales— simplemente por no saber con qué mercadería contaban. «Tener RFID no es solo una mejora, es casi jugar a otra cosa», afirmó Guerrero. Mientras que el escaneo tradicional por código de barras requiere minutos de trabajo físico intenso para procesar 100 artículos, la radiofrecuencia permite leer esa misma cantidad en apenas tres segundos, elevando la exactitud del stock al 99%.
El interés de la exposición se centró en la relación entre los datos y la inteligencia artificial, tendencia dominante en el evento. Guerrero fue contundente: «Mucho se habla de IA, pero ¿con qué datos la van a alimentar? Si los datos no son exactos, la IA va a tomar decisiones terribles». Para el experto, el RFID actúa como la infraestructura de verdad necesaria para que cualquier algoritmo de optimización funcione correctamente. Sin esta base tecnológica, cualquier implementación de IA en el retail termina siendo un ejercicio de adivinación.
Respecto a la accesibilidad de esta tecnología, Guerrero derribó el mito de que el RFID es exclusivo para grandes multinacionales. Detalló que, para un comercio con una sucursal y 30.000 productos, la inversión inicial ronda los 15.000 dólares, con un retorno de inversión (ROI) estimado de entre tres y cinco meses. No obstante, también mostró el «techo» de la tecnología: proyectos de escala donde el despacho de mercadería es 100% automático, integrándose a sistemas como SAP para validar cargas en tiempo real sin intervención humana.
Guerrero dejó una advertencia para los comercios que todavía postergan su digitalización: «La competencia ya sabe en tiempo real qué tiene, qué falta y qué está vendiendo». En un entorno donde muchos todavía destinan domingos enteros a realizar inventarios manuales, la tecnología RFID se presenta no como un lujo, sino como la herramienta indispensable para dejar de contar productos y empezar a gestionar información estratégica.






