Según PwC, tras el resultado electoral en Buenos Aires se abren dos caminos: sostener la calma con tasas altas o un giro cambiario antes de octubre.
La reciente elección en la provincia de Buenos Aires obligó a recalibrar los escenarios económicos previstos para el tramo final del año. Según el informe especial Economic GPS de PwC Argentina, la política volvió a ubicarse en el centro de la escena como variable determinante para el rumbo de la macroeconomía.
Hasta mediados de 2025, el Gobierno sostenía una estrategia basada en tres pilares: desinflación, superávit fiscal y estabilidad cambiaria. Con este esquema, se buscaba fortalecer la independencia monetaria y mejorar las expectativas, en un marco donde las cuentas públicas mostraban saldo positivo y la inflación mantenía una trayectoria descendente.
El objetivo era claro: llegar a octubre con un puente de estabilidad que combinara mayor demanda de pesos, riesgo país en baja y reapertura gradual del crédito. Sin embargo, el resultado electoral en Buenos Aires alteró ese sendero y obligó a revisar los supuestos iniciales.
El segundo semestre estuvo marcado por varios elementos de presión. Por un lado, la menor liquidación del agro tras un récord en la primera mitad del año redujo la oferta de divisas. Al mismo tiempo, la salida del cepo y la incertidumbre política incentivaron una dolarización de carteras mayor a la de otros años electorales.
Desde el frente financiero, la decisión de desarmar las LEFI generó volatilidad y encareció las tasas de interés. Si bien en julio el Tesoro logró captar liquidez, en agosto no pudo refinanciar el 100% de la deuda, lo que derivó en un aumento de la base monetaria y en mayores exigencias del Banco Central.
El impacto no se limitó al mercado cambiario. El informe de PwC señala que la suba de tasas encareció el crédito, frenó la refinanciación de pasivos y redujo el ingreso disponible de los hogares. Esto golpeó especialmente al consumo masivo y a la industria, mientras que sectores como energía y minería en el NOA y la Patagonia mantuvieron cierto dinamismo.
De cara a las elecciones nacionales, PwC plantea dos posibles escenarios. En un marco de moderación política, con reconstrucción de alianzas, el tipo de cambio podría sostenerse dentro de las bandas, aunque a costa de tasas altas y menor actividad. En cambio, un escenario de confrontación aceleraría la salida de pesos, volvería inefectiva la defensa cambiaria y elevaría la nominalidad de corto plazo.
La reacción inicial de los mercados tras el resultado bonaerense fue contenida: el movimiento cambiario se mantuvo dentro de la banda y el salto del riesgo país se estabilizó. Sin embargo, la prima de riesgo se encareció, reduciendo los márgenes de maniobra para la política económica.
El desenlace también dependerá de la nueva composición parlamentaria. En el Senado se renuevan 24 bancas, y el oficialismo apunta a alcanzar un tercio para blindar vetos. En Diputados, se disputan 127 escaños, con un objetivo similar: asegurar al menos un tercio que garantice gobernabilidad.
Según el informe, el escenario más probable tras octubre es una reconfiguración del régimen monetario, con tasas de interés más bajas y un tipo de cambio más libre. Esto implicaría aceptar un impacto inflacionario inicial y una caída acotada de la actividad, pero con chances de recuperación hacia la segunda mitad de 2026, apoyada en un frente externo más favorable que en ciclos anteriores.
PwC advierte que, para las empresas, el foco inmediato debe estar en la liquidez, la gestión de tasas y coberturas, y la flexibilidad operativa. Para la política, el desafío central pasa por construir consensos que reduzcan la incertidumbre y transformen un escenario desafiante en una oportunidad de normalización




