Trabaja junto a su familia y un equipo técnico con el que comparte una misma meta: hacer las cosas bien y cuidar el suelo para las próximas generaciones.
Con más de 30 años de trayectoria en el campo, Francisco Castillo es uno de los tantos productores que eligió el maní como motor de desarrollo en el norte cordobés. Desde su campo en Villa del Totoral, trabaja en equipo junto a su familia y un grupo de colaboradores con quienes comparte la misma visión: hacer las cosas bien, con responsabilidad y compromiso.
Castillo comenzó a producir maní en 2013. Para entonces, ya tenía un largo camino recorrido en otras actividades agropecuarias, pero apostó por este cultivo con una mirada a largo plazo. “Me gusta lo que hago y me entusiasma ver que se puede crecer, sobre todo cuando hay un equipo atrás que acompaña y se esfuerza», asegura.
En su establecimiento, la siembra de maní se hace bajo un estricto control de rotación y sustentabilidad. «No es solo producir, es cuidar el suelo, pensar en el futuro, en mis hijos, en quienes vienen atrás», dice Castillo, que destaca también la importancia del trabajo colaborativo con ingenieros, operarios y proveedores.
El productor forma parte de la red de Glencore Agriculture Argentina (hoy Viterra), una de las principales empresas del país en el procesamiento y exportación de maní. A través de este vínculo, Castillo accede a tecnología, asistencia técnica y canales de comercialización que le permiten mejorar cada año la calidad de su producción.
«No hay secretos. Hay que estar, trabajar, involucrarse. El campo no es fácil, pero cuando uno ve los resultados, cuando la producción sale bien y sabés que todo ese esfuerzo valió la pena, es una satisfacción enorme», afirma.
Castillo representa a una generación de productores que combinan tradición con innovación. En su campo se usan herramientas de agricultura de precisión y buenas prácticas agrícolas, sin perder la esencia de un trabajo que se vive en familia. Para él, el futuro del maní en Córdoba es prometedor. «Mientras haya compromiso y ganas de hacer las cosas bien, siempre va a haber lugar para crecer», concluye.




